Lunes 25 de Mayo del 2026

La CGT frente al espejo: divisiones, acuerdos y reproches frente a la reforma laboral

A menos de una semana de la sanción de proyecto, quedan disputas abiertas. Las razones de la estrategia judicial.

Publicado el 04/03/2026 por Juan Pablo Kavanagh

La sanción de la reforma laboral en el Senado no solo dejó un nuevo marco normativo para el país, sino que profundizó las grietas que ya se percibían en el edificio de la calle Azopardo de la CGT. Lo que para algunos sectores fue una derrota política evitable, para otros representó “un baño de realidad” sobre el verdadero alcance del poder de fuego que hoy disponen los gremios.

¿Cómo se traducen esas divergencias en torno a las tribus que componen la central obrera? Hay un ala independiente, con Gerardo Martínez (Uocra) a la cabeza, que está convencida de que la central obrera hizo todo lo posible por frenar el proyecto. Mencionan que hubo peleas en el plano judicial, rosca parlamentaria con diálogos con gobernadores y hubo demostraciones del poder de movilización en las calles.

“Nos criticaron por derecha, como el Gobierno, y desde a izquierda como la UOM de Furlán. Eso quiere decir que hicimos bien las cosas”, analiza un cuadro de relevancia. La mirada no es compartida por todos los dirigentes: hay algunos de buena sintonía con todos los sectores que lanzaron que “faltó fuerza” en las calles para frenar el proyecto. Otros, del lado moyanista, explicaron porque no se profundizaron las protestas señalando que el paro y las protestas no gozaron de consenso total en los trabajadores porque “hay banca a Milei”. De hecho, dicen que eso se vio en las distintas asambleas.

El ala que responde a Hugo Moyano, históricamente caracterizada por la confrontación directa, optó en esta oportunidad por una cautela que sorprendió a propios y ajenos. Según deslizaron desde su entorno, la resistencia en las bases a movilizarse y parar fue palpable, con un trabajador promedio que está golpeado por la escala de la inflación y sin paritarias que recuperen poder adquisitivo. Pero aún esperanzado en un cambio de rumbo libertario y que mostró una reticencia inédita a abandonar sus puestos de trabajo para sumarse a las columnas de movilización.

Mientras que los gordos, representados por Jorge Sola y Héctor Dáer, que sigue tejiendo influencias pese a no ocupar un lugar central en la conducción de Azopardo, exhiben pulgares arriba. Son los que consideran que el movimiento obrero hizo todo lo que estaba a su alcance y son los que tienen grandes expectativas en que la Justicia frene una iniciativa que todavía no fue promulgada.

Ante este escenario, la conducción de la CGT decidió trasladar la batalla del asfalto a los despachos judiciales. Porque el objetivo ahora es judicializar los artículos más sensibles de la ley, apostando a que la Corte Suprema sea el dique de contención que la dirigencia no supo o no pudo construir en el Congreso. La idea es que una vez que la ley tenga status en el Boletín Oficial, exista una presentación de la calle Azopardo en conjunto en el fuero contencioso administrativo y, por las dudas, otro en el fuero laboral.

“En el fuero laboral está todo convulsionado y no vemos muchas chances, pero sí en el administrativo. Es difícil pero la vamos a pelear”, definieron cerca de un pope gremial.

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