Viernes 15 de Mayo del 2026

OUR BRAND IS CRISIS: OUTSIDERS AL PODER

¿Por qué resetear el sistema es indispensable para evolucionar?

Publicado el 25/11/2024 por Redacción

El 6 de enero de 2021, dos meses después de perder Donald Trump la reelección presidencial; vimos azorados la toma del Capitolio, meca estadounidense de la democracia. En ese momento dudo que alguien hubiera imaginado su regreso al centro del poder de los Estados Unidos. Pero en un mundo en crisis estimados, todo puede pasar.

Trump se alzó con una victoria contundente frente a la candidata demócrata Kamala Harris, ganando 312 de los 270 estados necesarios para ser electo presidente.

Otro dato: fue el más votado, obteniendo más de 10 millones de votos adicionales a los que conquistó en su victoria de 2016. El nuevo presidente electo se cuelga así una medalla que sólo comparte con otro compañero republicano en los últimos 30 años, George W. Bush (2004).

La pregunta es ¿qué sucede entre la política tradicional y la ciudadanía?

Trump llega a la presidencia de EEUU en 2016 como un outsider antisistema, igual que Javier Milei en Argentina. Ambos presentan grandes diferencias por supuesto, pero tienen un punto en común: la figura de la antipolítica para intentar dar respuestas allí donde a la política le hace falta una brújula.

Este fenómeno que trasciende fronteras encuentra como respuesta el fracaso rotundo del sistema y la crisis del mismo tal como lo conocemos. Lo vemos en Ecuador con Daniel Noboa o con Bernardo Arévalo en Guatemala, ambos presidentes no antisistema precisamente pero sí outsiders.

Hoy todo el sistema está en crisis: la política, partidos políticos, el mundo empresario, los medios de comunicación, organizaciones e instituciones de la sociedad civil, todo está puesto bajo la lupa. Partidos políticos que no representan a nadie, que eligen a dedo los cuadros menos competentes, que le faltan el respeto a su electorado cuando no los ven ni los tratan como verdaderos sujetos políticos.

Los outsider al poder son la respuesta al manoseo de una elite gobernante que funcionó de manera corporativa durante décadas, comportándose como dueños de los verdaderos privilegios. Y es que la globalización con la superexposición que supone vino a establecer relaciones de horizontalidad donde ya el gobernante dejó de ser el “más inteligente” por disponer él solito de la información, (la información es poder); lo que le permitía establecer así relaciones de verticalidad con su electorado al igual que los grandes intermediarios que manipulaban la información dándole sentido a través de la ideología: los partidos políticos. C’est fini.  

El triunfo de Donald Trump representa la era que vivimos: de una hiper radicalización, de hiper personalismos, hiper ideologizados como sostiene el gran Mario Riorda.

Trump con causas judiciales, con exabruptos, errores en campaña, diciendo lo que nadie que sea políticamente correcto se animaría a decir; aún así, gana objetivamente una batalla cultural épica al sistema corporativista y deja en claro que la gente hoy vota por liderazgo, le importa un cazzo los partidos políticos. “Al menos Trump dice en voz alta lo que pensamos todos” escuché en boca de muchos norteamericanos los días previos a la elección en Florida.

En este caso, tal vez la ciudadanía no haya votado valorando la economía real sino su percepción, pero sin dudas votó contra el sistema actual, podrido por una clase política que se comportó durante años como el principal enemigo de la política: cuando la ha patrimonializado, especulando, engrosando sus bolsillos a costa de su cargo y a expensas de la ciudadanía, ¿qué extraño que políticos pobres al principio de su carrera pasen a estar en las filas de los más ricos al abandonar la función pública, no?

Esta es la batalla que hay que dar, de lo que hay que hablar, por lo que hay que resetear el sistema con nuevos liderazgos, sanos y potentes, que sean disruptivos, que rompan el molde y lideren en serio los cambios profundos que la sociedad necesita. La política en sí misma no es mala, es el poder al alcance de los que no tenemos poder. El problema es quienes llegan a hacer política. Y eso estimados, depende de todos nosotros.

Jimena M. Chabrux
Consultora Política

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