Viernes 15 de Mayo del 2026

La Justicia, ese botín de disputa en un Gobierno obligado a mostrar resultados

Las idas y vueltas y las discusiones al interior del oficialismo por el control de la cartera judicial abren un nuevo escenario para una gestión que este año debe enseñar logros en la economía.

Publicado el 07/03/2026 por Juan Pablo Kavanagh

Mientras Javier Milei ultimaba detalles de su nueva gira internacional, en la que aspira a mostrarse como un líder de volumen regional y atraer inversiones, el Gobierno entró en un espiral conflictivo inesperado. Producto de la salida de Mariano Cúneo Libarona, Karina Milei y Santiago Caputo pulsearon por el control del ministerio de Justicia. Y abrieron dudas sobre qué sucederá a partir de ahora con el funcionamiento del triangulo de hierro, el esquema que inauguró Javier Milei para controlar una administración que debe demostrar que la economía puede generar mejores resultados.

En el oficialismo, juran que las discusiones por la sucesión de Libarona fueron justamente eso: intercambios de parecer que finalizaron con la secretaria general de la presidencia ganando terreno en un área clave. Prometen, eso sí, que no habrá nuevos enfrentamientos. Ofrecen pruebas, además: ningún integrante del entorno de las dos figuras libertarias se preocupó en acrecentar cualquier tipo de tensión.

En el karinismo solo añaden que todos los movimientos que hubo en torno al control del ministerio son “de libre interpretación” mientras que en Balcarce 50 dicen que el asesor está tranquilo, preocupado en la gestión, sin ningún tipo de ánimo de revancha. En los dos bandos saben que es un buen momento para bajar el perfil y que el protagonista debe ser el Presidente.

Los dos entendieron, con el paso de los meses desde que arribaron a Casa Rosada, que lo conveniente cuando afloran las peleas es bajar el perfil, lo máximo posible. Porque quien lo levanta y se expone en la agenda pública suele ser víctima de golpes varios. U “operaciones”, como suele decir un funcionario ante este medio.

Hay un ejemplo muy práctico, concreto, a la vista: el caso Patricia Bullrich. La jefa del bloque libertario en el Senado decidió venderse como la garante de los acuerdos para sancionar las leyes que la administración de LLA necesitaba. Esos gestos no cayeron para nada bien en el seno del oficialismo y las municiones sobre ella se esparcieron. Una fuente parlamentaria contesta que la ex ministra quiso demostrar “poder” y “marcar la cancha” ante los integrantes del triángulo de hierro. “Aprovechó el momento, ella sabe que la van a cagar cuando quiera jugar por algún cargo en 2027”, graficó.

Con todo, resta por ver como van a convivir la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), la Procuración General y el ministerio de Justicia de un Mahiques, que avisó desde el minuto uno que pretende contar con gente de su confianza en áreas sensibles. Por eso les pidió la renuncia a los titulares de la IGJ y la UIF.

Paralelamente a estos conflictos, ajeno a cualquier tipo de rosca doméstica, Javier Milei encara un desafío relevante. En el road show de inversiones de nombre “Argentina Week”, ante la mirada de empresarios de alto calibre y en compañía de los gobernadores, debe atraer inversiones. Convencer a los ejecutivos que con las leyes que consiguió en sesiones extraordinarias, como la reforma laboral y la ley de Glaciares, la economía está en condiciones de tener una mejor performance y que el salario tendrá mayor poder de compra. Sobre todo en medio de una agenda pública dominada por las noticias de despidos y cierres de fábricas por todo el país.

De acuerdo a diversas encuestas de opinión pública, el jefe de Estado consolidó una base electoral propia y robusta. Pero encontró un techo ante una economía que requiere de nuevos resultados en el tercer año de LLA. Quienes hablan con Milei dicen que es plenamente consciente de ese factor.

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